En el informe anterior mostramos que la caída del empleo formal privado no podía reducirse a una oposición simple entre AMBA e interior: la destrucción de puestos se extendió a gran parte del territorio nacional. La pregunta que surge ahora es qué ocurre después de esa destrucción — si los empleos que se pierden están siendo reemplazados por oportunidades de igual o mejor calidad, o si la reconversión productiva está empujando a una parte creciente de la población hacia inserciones más precarias.
La evidencia apunta en la segunda dirección. Entre principios de 2025 y 2026, mientras se reducía la dotación de trabajo formal, las ocupaciones que crecieron fueron las informales, tanto asalariadas como independientes.
Como consecuencia, la informalidad laboral alcanzó el 44,2% en el primer trimestre de 2026, el valor más alto de la serie. Este proceso forma parte de un cuadro en el que cada vez más personas se incorporan al mercado laboral para reforzar los ingresos de sus hogares: la tasa de actividad se mantiene en picos históricos (48,6%).
Hasta el momento, el sector informal funcionó como espacio de contención de esa demanda de trabajo. Esa absorción contribuyó a que la tasa de desempleo se mantuviera estable durante el último año. Pero este movimiento no resuelve la ecuación de ingresos de las familias.
Más del 90% de los nuevos ocupados necesitan trabajar más horas para generar más ingresos pero, en un contexto de consumo retraído, no lo consiguen. Esto se expresa en el crecimiento de la subocupación, que aumentó 14% interanual en el primer trimestre de 2026.
A nivel territorial, la relación entre destrucción de empleo formal y deterioro laboral es directa: las provincias donde más cayó el empleo formal privado son también aquellas donde más crecieron el desempleo y los empleos refugio. Santa Cruz, Formosa y Chaco aparecen entre los casos más marcados; Río Negro y Neuquén, en sentido inverso, muestran una trayectoria más favorable, en línea con el dinamismo de Vaca Muerta.
La actividad económica tampoco muestra una recuperación estable: el EMAE alterna meses de expansión y contracción, y en abril registró una baja del 1,5%. En paralelo, el empleo formal privado volvió a contraerse en marzo, la industria destruyó empleo en todos sus subsectores y el comercio acumuló su décimo mes consecutivo de caída.
En síntesis, el mercado laboral combina múltiples problemas: caída del empleo formal, crecimiento de ocupaciones de baja calidad, ingresos históricamente bajos y una actividad económica que no logra consolidar su recomposición.